A la mayoría de nosotras nos encanta un tratamiento para manos o pies que incluya exfoliación, ¿y a nuestras clientas también, verdad?
Sabemos que acelera lo que sería la descamación natural. Elimina las células muertas de la piel, permite una mayor penetración de las cremas de tratamiento posteriores y otorga a la piel una apariencia más luminosa y fresca.
Pero esto es sólo una parte de la historia.
La otra parte de la historia es que rompe la barrera natural de la piel, lo que envía un mensaje a las capas inferiores de la epidermis para que trabajen más duro. Cuando tienen que trabajar más duro, emergirá una piel más nueva y brillante.
Esto puede ser un beneficio muy bueno, claramente.
PERO, sé consciente de que esta es en realidad la etapa temprana de una inflamación. Son las defensas del cuerpo contraatacando. El tratamiento, llevado a cabo con conocimiento y comprensión, puede ser un beneficio fantástico. Pero si se va un poco más allá, las defensas pueden reaccionar aún más.
Tomemos, por ejemplo, un peeling químico. Esta es la versión química de una exfoliación mecánica. Esto requiere una educación avanzada, un profundo conocimiento de la piel y de los productos que se utilizan.
El mensaje aquí es entender la condición específica de la piel del cliente, además de cualquier posible contraindicación (por ejemplo, diabetes, alergias, etc.). Tenga en cuenta el área y el tipo de piel que se va a exfoliar. Ejemplos de esto es la fina capa en el dorso de las manos y en la parte superior del pie. En comparación con las ‘áreas de piel dura’ en la parte inferior del pie y la palma de la mano. Tenga en cuenta la piel particularmente delicada o aquella propensa a alergias.
Un tratamiento encantador que, hay que tener en cuenta, puede afectar seriamente a la barrera natural de la piel, puede, tan fácilmente, convertirse en un problema.
La educación y la comprensión lo son todo. Sé profesionalmente responsable y piensa bien tu plan de tratamiento para cada cliente.









